Único guía para sordos en la justicia mexiquense
Historia de Vida. Fue excluido de diversos trabajos por su incapacidad de oír, pero sus habilidades le permitieron ponerse del lado de aquellos que difícilmente son entendidos y que comúnmente son acusados antes de conocer su versión.
Desde hace 42 años, Gilberto Alvarado Oceguera es el único interprete de sordos de la Procuraduría General de Justicia del Estado de México (PGJEM) y desde entonces ha tenido que sortear infinidad de obstáculos laborales, escolares y sociales debido a su discapacidad. De manera fortuita llegó a la dependencia durante la administración de Fernando O Limón en 1969 como perito interprete para auxiliar a las personas inmersas en un problema con la justicia, ya sea como acusados o como víctimas. Cada vez que se le requiere, se traslada a cualquier parte del estado y a cualquier hora para conocer la declaración de alguna persona detenida y si hubiere alguien que interpone alguna denuncia se le da una cita y Gilberto acude posteriormente, ya que es el único perito interprete de personas sordas a nivel estatal. Relata que los cinco años perdió el sentido del oído debido a un golpe en la cabeza que le elevó la temperatura corporal y culminó en meningitis. A los 13 ingresó a una fábrica ubicada en las calles de Lerdo y Juárez, en el centro de Toluca; de entre sus compañeros, la mayoría sordos, él era el único que sabía leer y escribir y gracias a eso se dio cuenta de que les descontaban dinero de su pago, por lo que decidió informar sobre la situación al gerente de la empresa. Explicó que, gracias a la fama que se hizo por poder comunicarse con las personas “normales”, cuando sus compañeros y amigos caían en manos de la policía por cualquier razón, era él quien acudía con las autoridades para interpretar lo que ellos no podían expresar. Fue entonces que ingresó como perito honorario de la PGJEM auxiliando a víctimas de algún delito, hasta que finalmente fue contratado por la institución. Señaló que durante tres años buscó trabajo sin cesar y en todos lados lo rechazaron porque era sordo. Recuerda que una vez se hizo pasar por una persona que escucha y llenó su solicitud de trabajo, pero la secretaria se dio cuenta, por lo que fue rechazado y salió llorando con mucha impotencia. Posteriormente fue contratado en una planta de ensamble de piezas automotrices y tras demostrar su capacidad como empleado recomendó a más personas sordas, que a la postre se convirtieron en empleados de la planta Chrysler, pionera en contratación de personas con discapacidad. Después, puso un negocio de fotografía que le ayudó a ganar durante tres años consecutivos el primer lugar como fotógrafo profesional; sin embargo, en el cuarto certamen, por envidia de los demás participantes, fue descalificado bajo el argumento de que no querían que un “sordo” fuera mejor que los demás. Uno de los casos que recuerda de manera muy concreta es el de un joven acusado de homicidio en Huixquilucan. Detalló que el hombre fue sorprendido en la escena del crimen y como no sabía hablar ni comunicarse en lenguaje de señas todos lo señalaban como culpable, hasta que la PGJEM solicitó los servicios de Gilberto para aclarar la situación. Finalmente, la justicia comprobó que el inculpado era inocente y las autoridades establecieron, con la declaración del detenido, que alguien más cometió el crimen e intentó inculpar al muchacho por el simple hecho de ser sordo. Gilberto estudió solo un año en la Escuela Nacional de Sordos en la ciudad de México, debido a la falta de recursos; no obstante, en un año pudo aprender mucho más gracias a la ayuda de su hermano y papá que le enseñaron a leer los labios y escribir. Eso marcó su entrada a la PGJEM como intérprete, porque su comunicación escrita era muy buena. Cada año Gilberto atiende un promedio de 150 casos. Lamentó que la discriminación continúe en algunos centros educativos donde no aceptan a alumnos que no pueden oir, por lo que ha difundido en reuniones, cursos y conferencias que se necesita preparar a los maestros en esa materia. Explicó que cada día nacen muchos niños sordos en el Estado de México y no todos pueden asistir a una escuela de educación especial, por lo que se necesita que en el sistema educativo se capacite a los profesores. Mencionó que no es fácil interpretar porque muchas personas no tienen un lenguaje de señas asignado, sino que inventan sus propias que son rudimentarias y convencionales de acuerdo a su forma de vida. “He pedido a muchas instituciones que me den un espacio para mis alumnos sordos y nunca me han ayudado; ya me cansé, mejor trabajo con lo que tengo; tengo un espacio en mi estudio fotográfico y ahí lo ocupo para darle clases a mis niños”. Añadió que la procuraduría mexiquense debería capacitar a sus peritos y agentes del Ministerio Público para brindar una mejor atención a las personas con alguna discapacidad y tengan el conocimiento de cómo tratar a una persona sorda aunque no funjan como interpretes. La mayor satisfacción de Gilberto Alvarado Oceguera, puntualizó, es ayudar a aquellos que por una discapacidad son víctimas y padecen una injusticia y que por falta de recursos no pueden defenderse ni contratar a alguien que los apoye en los procesos legales. (Christian Hernández / Toluca-Mexico)
http://www.milenio.com/node/529908
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